El contexto de estos sujetos
creadores estaría definido por su infiltración en trabajos y prácticas
temporales y en vidas permanentemente conectadas. Sujetos envueltos en
precariedad y travestidos de un entusiasmo fingido, usado para aumentar su
productividad a cambio de pagos simbólicos o de esperanza de vida pospuesta. Un
entusiasmo que encontraría sus máximas expresiones de júbilo forzado en
trabajos culturales, creativos y cada vez más en el contexto académico. Miro
alrededor y observo que esto acontece hoy. Como si la pareja «pobreza y
creación» actualizara, en un giro y engarce temporal, aquella época anterior a
la invención de la imprenta en la que, sugería Smith, «estudioso y pordiosero»
eran palabras casi sinónimas.
Remedios Zafra
Joan
de la Vega es un poeta de dilatado recorrido. Desde su Intihuatana (2002) hasta este Medio
mundo en luz (2017) han pasado quince años. Un tiempo suficiente para
asistir y reconocer la maduración de una escritura. Desde mi punto de vista,
este libro nos ofrece una voz cuajada, intensa, desolada y resistente, que
atraviesa varias zonas de mundo. Tenemos, en su primera parte titulada “Veintiún
poemas en prosa dedicados a quien se hacía llamar Homo, en otros tiempos”, una suerte de campo de reflexión
ontológico sobre el nosotros. La interpelación a los muchos seres humanos que
pueblan nuestro ser colectivo (y que encuentran como metáfora diferentes
taxonomías: homo habilis, homo faber,
homo videns, etc.), se convierte en
una excelente oportunidad para hacer un “viaje exterior”, un recorrido por las
contradicciones, ambivalencias, tensiones, de lo que somos y no somos. Cada uno
de estos textos es una vuelta de tuerca más alrededor de la propia precariedad,
en un gesto omnicomprensivo de las muchas experiencias que pueblan eso que
llamamos “realidad”. Se trata de poemas narrativos que van al hueso de las
cosas, despojados de cualquier artificio lírico, pero incisivos y llenos de
potencia expresiva. Por medio de un uso irónico (y a veces incluso humorístico)
de versos de otros escritores y escritoras, así como de esas mismas taxonomías
de corte “biologicistas” o “sociológicas”, nos vamos encontrando con parcelas
del devenir que dejan entrever el constante desamparo en el que habitamos. Ese “homo
sapiens”, falsamente independiente, elevado a categoría de “mónada” por el
racionalismo cartesiano y capitalista, se va “abufonando”, transformándose en
un “extranjero de sí mismo”, un “hombre precario”, un “cadáver lúdico”, cuya “existencia
es un carrusel de verdades que gira al borde del ripio, en torno a una gran
sordina”. Joan de la Vega proyecta una imagen nada tranquilizadora del ser,
huye de cualquier cumplido, no se deja llevar por optimismo buenistas. Su
mirada es destemplada, hosca, incluso diría que amarga, aunque lúcida y repleta
de potencias emboscadas. Como si debajo de la piel de ese mismo ser precario se
escondiera el gesto rebelde, antisistema, capaz de renovarse a sí mismo desde
una insubordinación a las formas elementales del poder y la reproducción
social. Nos dice en el poema Homo
plaudens: “Déjalo estar. Cero súplicas, cero púlpitos, cero halagos. Si
algo has de ganar, que sea su silencio”. No hay tiempo para el cumplido. No hay
tiempo para la palmadita en la espalda. Somos seres arrastrados hacia el
abismo, pero precisamente por ser conscientes de ello, estamos en condiciones
para no aceptar ese destino de silencio. Dejo aquí varios de los poemas de esta
sección que más me han impresionado:
La
segunda sección del libro titulada “Esperanza de vida (Auto de fe)”, lleva
algunas de esas reflexiones ontológicas al plano del sujeto y del yo. Se trata
de un “viaje interior”. Decía Miguel Delibes cuando le preguntaban por el “arte
de narrar” que los fundamentos de su literatura eran “un hombre, un paisaje,
una pasión”. Algo parecido ocurre en el caso de este escritor de Santa Coloma
de Gramanet. Estamos ante la voz y la escritura de un sujeto “enraizado” a la destemplanza
de un pueblo, de un paisaje, de un tiempo histórico, de una sociedad, de un
trabajo, de una infancia y de una familia. Una de las cosas que más me han
gustado de este libro es que hacía mucho tiempo que no leía un poemario tan
honesto y, al mismo tiempo, tan problematizador de las contingencias ordinarias
de la vida. El lenguaje seco y descoyuntado que usa Joan de la Vega es coherente
con la exploración que persigue, huyendo como de la peste de esas poéticas figurativo/realistas
(normalizadoras hasta el aburrimiento) de unos o, panfletaria y escasamente críticas
en lo estético, de otros. No. Joan aposenta su hacer literario en el
intersticio que va de la materia a la idea, de la acción social al discurso, de
los “juegos del lenguaje” a las prácticas de los seres en su contexto e
historia determinada. En sus poemas se embridan “el p(c)ecio del paisaje” con
el discurrir de la existencia, en una iteración compleja, rica en matices y
siempre conectada con las dialécticas de lo individual y colectivo. El sujeto
poético de estos textos no se engolosina con la propia dicción del yo, no se
acomoda a la fácil estabilidad de la identidad, sino que más bien da cuenta de
las pluralidades que arraigan en todo cuerpo. Veamos algunos poemas que
muestran, me parece, esto que digo:
Y
para acabar me gustaría rescatar un poema que me ha sobrecogido. La poesía
española reciente no ha explorado en demasía el mundo de lo laboral. Como si estuviera
agotado por la propia desregulación de las relaciones neoliberales, y por las
poemáticas excesivamente pegadas a una figuración ramplona. Todo ello, además,
en un contexto de debilitamiento de eso que podemos llamar la “centralidad de
la clase social” y sus organizaciones, a la misma vez que un ensanchamiento de la
acción política más allá de los anclajes sociológicos de corte determinista.
Pues bien, Joan de la Vega tiene la rara habilidad de expresar literariamente todo
un mundo de experiencia, el de la vida laboral, desde el “cuerpo” y la “acción”
concretas, situadas, microsociológicas, desbordando cualquier categoría
homogeneizante y/o discursiva. Creo que es uno de los textos donde, de un modo vertical
y preciso, se (re)presenta uno de los aspectos más significativos en la vida de
todo sujeto (que no sea rentista o extractor de plusvalía).
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