HAIKUS CONTRACORRIENTE



Quizá en toda gran poesía, en toda obra que ha trazado su propio lugar, se da un conflictivo componente de distancia respecto a lo que antes de ella hubiera venido llamándose poesía, un impulso antipoético.

Miguel Casado


Al observar por primera vez la cubierta de este libro, una suerte de perplejidad se apoderó de mí. ¿Haikus de guerra? No entendía nada. ¿No era el haiku ese poema estrófico orientado a captar el instante en la naturaleza? ¿Cómo un dispositivo estético tan cifrado, tan estricto en su formulación rítmica, podía abrirse a un territorio convulso y aterrador como el de la violencia bélica? ¿Qué rupturas preñarían sus textos frente a las codificaciones clásicas que todos más o menos conocemos (Matshuo Bashô, Yosa Buson, Kobayashi Issa?  El primer impulso, claro, fue trasladar mi imaginación a otros autores de tradiciones literarias distintas a la japonesa que habían rozado el ecosistema-haiku. Ahí estaban, por ejemplo, Jack Kerouack y su Libro de jaikus, o más recientemente, el escritor venezolano Rafael Cadenas con su En torno a Basho y otros asuntos. Un espacio ignoto se desplegaba ante mí. Lo intuido se resquebrajaba, lo remansado en la torpe doxa lectora se dislocaba. Para intentar traducir esa apertura, mucho mejor que yo lo expresa José María Bermejo en este extenso párrafo:

“El haiku japonés contiene, en su brevedad, la totalidad de la vida. Y lo hace desde lo que dice y, sobre todo, desde lo que no dice. El haiku no impone; se expone, como la gota de rocío, captando el instante, que siendo frágil, fugitivo, permanece en nuestra memoria. El haiku nace de una conciencia desasida, en honda comunión con la naturaleza que nos revela lo que somos. La palabra estacional, kigo, no es sólo un adorno; es una manera de fijar el instante y de avivar la sensibilidad, despertando la resonancia en cada detalle. La vida en sí, despojada de cualquier pretensión retórica, vibrando en todo, como lo que es: el puro asombro, el puro milagro de ser. Lo corriente es lo extraordinario. Lo que se canta —aquí y ahora— contiene no sólo eso, sino también su contexto callado. La fuerza del haiku nace de su tensión: dos imágenes visibles, o una que sugiere otra ausente; el corte de una palabra, kireji, —que, a veces, se sustituye por la respiración o por la pausa— y, en definitiva, el contraste que genera una cierta iluminación o satori, que se sitúa en el corazón de esa nada. Y es de esa aparente facilidad de donde nace la sutileza que enriquece la historia del poema más breve del mundo. Pues, siendo el haiku un poema nacido de la levedad del haikai no renga (derivación humorística del renga aristocrático), alcanza con Bashô una hondura que lo convierte en poema autónomo y en camino de perfección, tanto desde el punto de vista espiritual como desde el punto de vista estético.”

Los haikus en Japón se abren al universo de la guerra a partir del Incidente de Manchuria. Un grupo de haijines pertenecientes al movimiento Shinkoo Haiku (“Haikus contracorriente”) fueron sus activos promotores. Ahora bien, ¿qué son estos “Haikus contracorriente”? Seiko Ota y Elena Gallego (encargadas de la selección y traducción) responden con precisión histórica a la pregunta: “Este movimiento surgió hacia 1931 en contra de la escuela Hototogisu, escuela tradicional liderada por Takahama Kyoshi, cuyos principios eran cantar a la naturaleza, mantener la métrica tradicional de 5, 7 y 5 sílabas y usar kigo, la palabra de estación. De esta manera, el movimiento de haikus contracorriente empieza a cuestionar estos dos principios básicos del haiku, como consecuencia de la dificultad para mantener el kigo al expresar la realidad de aquella época, la vida moderna y urbana, alejados de la naturaleza y rodeados de maquinaria, consecuencia de la revolución industrial y también de la realidad de las guerras. […] Entre los haijines que escribieron haikus de guerra hay dos tipos: quienes fueron reclutados y acudieron a la guerra y quienes se quedaron en Japón.” Afloran entre las páginas de este libro nombres como Masaoka Shiki (precursor en el contexto de la primera guerra con China de 1894-1895) o, sobre todo, Hasegawa Sosei, Katayama Tooshi, Tomizawa Kakio y Saitoo Sanki en el trasunto de la Segunda Guerra Mundial. Poemas escritos, unos, en el frente de batalla, otros en la retaguardia. Poemas enaltecedores de la guerra, muchos, y otros, angustiados por la barbarie y el horror del conflicto. Composiciones tensas, ambivalentes, extrañas, hacia las cuales pueden desplegarse lecturas distintas. Esbozaré tan sólo hilachas de un par de ellas.

Guerra y poesía

Enfrentado a la lectura inicial de estos haikus se me cruzaron, sin orden, algunas virutas comparativas. Mis referencias en lo tocante a la dialéctica entre guerra y poesía se condensaban sobre tres universos lingüísticos heterogéneos. Me estoy refiriendo, por un lado, a la denominada Trench Poetry británica vinculada con la Primera Guerra Mundial, de donde podemos arrancar nombres como Isaac Rosenberg o Wilfred Owen. Por otro lado, poetas expresionistas alemanes como Ernst Stadler, Georg Heym y Georg Trakl quienes, en el lado contrario de la trinchera, abordaron también el espanto de esa misma conflagración mundial. Y un tercer eslabón textual que podría articularse en torno al romancero anónimo de nuestra Guerra Civil. Leo algunos de estos haikus de guerra:

Al pie del monte
en un sitio templado,
aquí te entierro.

Taneda Santooka

Sigo con vida,
en esta mañana de gran
escarcha me despierto.

Maeda Fura

Campo de trigo verde.
A contraluz
un tanque viene.

Hino Soojoo

A la retina
está pegado
el lodazal.

Tomizawa Kakio

Oscura la noche fría,
acabada la batalla,
conservo la vida.

Hasegawa Sosei


Me dispara
un enemigo con quien
comparto el calor ardiente.

Katayama Toosi


A primera vista la naturaleza, tan propia del haiku, emerge como resignificada, descoyuntada de su matriz original. Las voces poéticas, encajadas en el combate, reordenan la equivalencia naturaleza-vida que, si bien conserva esa brizna iluminadora de intensidad existencial, al mismo tiempo se muestra desabrida, indiferente y hostil. En la hosquedad de estos materiales parecen entremezclarse los movimientos abruptos de la guerra con una suerte de paralización del tiempo, del instante, que como bien decía Bermejo “permanece en nuestra memoria”, sirve como rastro para captar la complejidad y disputa de lo real. Un hecho violento absoluto, decantado como alambique, a partir de trozos minúsculos, “partes sin todo”, de esa misma totalidad que nos ayudan a restituir la experiencia de los sujetos. Ya no estamos ante el haiku en su vertiente clásica, sino ante un escenario oscuro, metálico, contradictorio, que desborda el perímetro hayjin. En el “haiku contracorriente”, a mi juicio, coincidirían dos fenómenos que Carlos Barral  (en aquella entrevista televisiva memorable de 1976 para el programa A fondo) ya señalara a propósito del boom de la novela latinoamericana: una tradición cultural, una herramienta literaria, un instrumento “secularmente probado” como es el haiku; con un campo social, la guerra, donde las “cosas tienen interés por sí”, en su sentido de devenir histórico, de límite de vida, de riqueza anecdótica y potencia metafórica. Justo entonces, al calor de estas ideas es cuando espejearon, adheridos a la retina lectora, otros dos poemas de guerra que hurgaban en las mismas heridas semánticas y que, por alguna razón que no termino de descifrar, siguen dialogando en mí con esos haikus. Quizá también en esos otros poemas lata una articulación inesperada entre naturaleza e instrumento literario “secularmente probado” (con el telón de fondo de la guerra), no sé. O quizá simplemente se trenza un canal de comunicación invisible y balbuceante que soy incapaz de traducir. Me refiero a El alba en las trincheras de Isaac Rosenberg (que ofrezco en la traducción de Aurelio Asiain), y Grodek  de Georg Trakl (en la versión de Jenaro Talens).

El alba de las trincheras

Se desmoronan las tinieblas,
es el de siempre el viejo Tiempo druida,
pero en mi mano hay una cosa viva,
rara rata sardónica,
cuando arranco al talud una amapola
para ponerla tras mi oreja.
Qué tiro te darían si advirtieran
tu veleidad cosmopolita, rata.
Ya tocaste esta mano inglesa y pronto
sin duda tocarás una alemana,
con solo que te animes a cruzar
la verdura dormida entre nosotros.
Sonríes para ti cuando rebasas
los ojos claros y los miembros finos
de los atletas arrogantes
menos dados que tú para la vida,
atados al capricho de la muerte,
que yacen en la entraña de la tierra,
en los campos de Francia desgarrados.
¿Qué ves en nuestros ojos
ante el hierro y la llama y su chillido
que atraviesa los cielos impasibles?
¿Qué temblor, qué espantado corazón?
No dejan de caer las amapolas,
en las venas del hombre sus raíces.
Pero aunque un poco blanca por el polvo,
la mía está segura tras mi oreja.

Isaac Rosenberg


Grodek 

Por la tarde resuenan en los bosques de otoño
las mortíferas armas y en las llanuras áureas
y los lagos azules; sobre ellos rueda el sol
más oscuro; la noche
abraza a los guerreros moribundos, el lamento feroz
de su bocas quebradas.
Mas silenciosamente en la pradera,
nubes rojas que un Dios airado habita,
se reúne la sangre derramada, la frialdad lunar;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo el áureo ramaje de la noche y los astros
vaga por el callado bosque la sombra de la hermana
que saluda las almas de los héroes, sus cabezas sangrantes.
Y en el juncal resuenan quedamente las oscuras flautas del otoño.
Oh, qué soberbio duelo, altares de metal,
un tremendo dolor alimenta hoy la ardiente llama del espíritu,
los nietos que no han nacido aún.

Georg Trakl



El impulso antipoético

Miguel Casado, en sus “Notas sobre la poesía objetiva” (a propósito de Arthur Rimbaud), nos pone sobre la pista de eso que él llama la emergencia de un “impulso antipoético”. Es decir, la voluntad de ruptura en ciertas obras respecto de su tradición inmediatamente anterior. Sería algo así como la “necesidad de un radical desplazamiento”, el esbozo de una “lengua-mundo” que se constituye “cuando el poeta consigue expresar esta quiebra como forma”. Este concepto me sirve para intentar insinuar algunos rasgos de mi lectura de estos haikus de guerra.

El primero de ellos descansaría sobre eso que podríamos llamar “el desplazamiento antipoético del sujeto de la acción”. Si en el haiku tradicional la naturaleza, sus infinitas manifestaciones, personifican el sentimiento de la belleza efímera, transustanciado estéticamente en lo que Bermejo recuerda como aware, término japonés que designa lo que nosotros traducimos como “nostalgia” o la cultura portuguesa como “saudade”; en los haikus de guerra hemos de aclimatarnos a una temperatura distinta. Lo efímero permanece, sí, pero no en la forma de la charca la Bashô, el árbol, la flor, el campo… La simbolización de esa nostalgia pasa por hacer doblemente tangible una realidad inhóspita, desnuda, de objetos incontestables en su devoradora materialidad de muerte. Así, en esta serie de poemas dedicados a la “ametralladora”, Saitoo Sanki nos revela la crudeza de estos nuevos objetos que colonizan el haiku:

La ametralladora
dispara ametralladora
y las tinieblas callan.

**

Ametralladora.
Trayectoria de la bala en tinieblas
arroja el aroma.

**

Ametralladora.
Entre las cejas
florece una flor roja.

**

La ametralladora,
en la tierra al detonador
devora y esparce.




El segundo de los elementos podría ser identificado con algo parecido a un  “desplazamiento antipoético de los campos semánticos”. Si un campo semántico es, más o menos, “una red léxica”, un “conjunto de palabras” con “significados relacionados”, debido a que comparten un mismo “núcleo de significación”, en los haikus de guerra encontramos (al menos en la vislumbre que nos ofrece la traducción al español) una cadena cohesiva abrupta, inquietante, subversiva respecto del haiku tradicional. Palabras como “moscas”, “sangre”, “ejército”, “cadáveres”, “cartuchos”, “fuerza”, “enemigo”, “lodazal”, “entierro”… emergen, ásperas, a un territorio donde comparten desolación con aquellas otras más propias del topoi japonés clásico: “hierbas”, “pájaros”, “árboles”, “estío”, “cerezo”. La hibridación de ambos campos semánticos trastoca, contamina y revela nuevas posibilidades expresivas para el ecosistema-haiku.

Y el tercero y último de los elementos que querría señalar, es lo que denomino el “desplazamiento antipoético de la figuración”. En estos haikus de guerra asoman personajes, individuos, sujetos, grupos, colectividades que ocupan buena parte del escenario antes preferentemente protagonizado por la naturaleza. La fuerza histórica de lo real, la ineludible presencia de las gentes que habitan toda conflagración, adquieren ahora una existencia imparable. Prisioneros, soldados, ciudades, banderas, escuadrones, constituyen los anclajes semánticos desde donde componer el haiku contracorriente. Tenemos algunos ejemplos en estos textos:

Cayó Nanking.
Soldados porteadores callados
y empapados de lluvia.

**

En el pueblo
de los soldados nieva
y llegan cartas.

Katayama Toosi


Bajo el ocaso va,
bajo el ocaso va
el rojísimo escuadrón.

Tomizawa Kakio


Columnas de ingenieros
militares, aun al expirar
quedaron levantadas.

Hino Soojoo


Sin duda se trata de una antología interesante, necesaria, que muestra a los lectores en castellano una dimensión poco conocida de la literatura japonesa.


Referencias bibliográficas:

Bermejo, José María (2012). Instantes. Nueva antología del haiku japonés. Madrid: Hiperión.
Cadenas, Rafael (2016). En torno a Basho y otros asuntos. Valencia: Pre-textos.
Casado, Miguel (2012). La palabra sabe y otros ensayos de poesía. Madrid: Libros de la resistencia.
Kerouac, Jack (2007). Libro de jaikus. Madrid: Bartleby.
Ota, Seiko y Gallego, Elena (2016). Haikus de guerra. Madrid: Hiperión.
Rosenberg, Isaac (2014). “El alba en las trincheras”, en Letras libres, Año nº 16, Nº 187, 2014, pág. 35.
Talens, Jenaro (1997). Tres poetas expresionistas alemanes: Stadler, Heym, Trakl. Madri

VOLVEMOS A LA ACTIVIDAD BLOGUERA

Cinco años hace. Cinco años desde que decidí descansar de la que, por entonces, era una actividad bloguera razonablemente intensa. Han pasado muchas cosas. Se han sucedido nuevos libros. No soy el mismo de antes, desde luego. Más viejo. Más lento. Menos sabio. Pero se ha mantenido intacto el asombro y la pasión por la literatura. Desde su génesis esta herramienta se concibió como un taller de lecturas, una posibilidad para comunicarme y reflexionar con otros. Sigo teniendo esa misma necesidad. Así que después de meditarlo durante un tiempo, he decidido volver a reabrir este espacio. No tendrá el frenesí ni la velocidad de 2011 y 2012, aunque trataré de que las entradas, los textos, los libros que aparezcan en los próximos meses sigan manteniendo el mismo interés para el lector de antaño. Vuelve a ser esa botella tirada al mar que regresa. Otra vez en mis manos, como si nunca se hubiera ido. No voy a engañar. Tengo miedo y melancolía. Miedo ante la posibilidad de no corresponder a la cadencia que todo blog imprime. Melancolía ante el sinsabor de una memoria lectora que se desgasta con los años. Haré lo que pueda para vencer ambas.

ME VOY A TOMAR UN DESCANSO BLOGUERO


Queridos/as,

Como imagino os habréis dado cuenta, durante los últimos meses apenas he podido reseñar libros que han llegado hasta a mí o que, simplemente, me interesaban. Lo siento profundamente. Debido a distintas obligaciones personales y laborales me voy a tomar una temporada de descanso en el blog. Lo lamento por todos/as aquellos/as que, amablemente, me habéis remitido vuestras obras. Y también por los lectores que, quizá, esperaban más actividad por mi parte. Voy a ver si tomándome un respiro temporal retomo con más energía y vigor. Un abrazo y muchas gracias por el apoyo.

Ernesto García López

MANUAL PARA ACRÓBATAS, DE PATRICIA FERNÁNDEZ-PACHECO



GEOMETRÍA

Me hago cargo, se avecinan
días difíciles para la cercanía,
para ese estar-piel-contra-piel
que no se compara con nada.

Pero tengo entendido
que la distacia más corta
entre dos puntos alejados
puede ser el rastro
(serpenteante)
que dejan
las palabras.


OMBLIGO

Una es el centro de la historia.

El centro entorno al que suceden
los desfallecidos adioses, las acrobacias,
los decorados, la pirotecnia.

El mundo es un corro de sucesos,
-lamentables o afortunados-
y una se enciende en antorchas o se mortifica,
según venga el día.

Una es el punto de rotación
de la tierra salvo por esos segundo
en los que el dolor ajeno
(anecdóticamente)
opaca el propio-dolor-de-una.


NEW YORK LA NUIT

Desde aquí,
la intemperie no es más que
cemento ribeteado
de antenas descoyuntadas y
tanques de agua.

Hasta que la noche se enciende
y se van fabricando, poco a poco,
infinitos caminos en llamas.

Es lo mismo que tu cuerpo
sobre las sábanas del final del día,
abriéndose en recodos,
inmenso cuando tiembla,
multitudinario en ventanas
cuando destraba sus postigos.

Por eso si abandonas
el universo de esta cama
(tienes que irte a no-se-donde, dices)
y, de manera imprudente,
te pones la ropa,

es igual,
igual que si la ciudad se apagara.


CRÓNICO

Lo normal es que el agua no se pueda beber.

En el recodo de la calle,
quién sabe qué le espera.

Unas casas están en pie y otras no.

Y el mar, que debiera ser atardecer sobre la arena,
allí es continuación incontestable del muro asesino.

Lo normal es el sobresalto en plena noche.

En el horario laboral, los disparos.

Lo habitual es la emergencia.

Habitual como el viento de verano.

Habitual como los indicios de desesperanza
bajo los que nacieron.



PATRICIA FERNÁNDEZ-PACHECO ESTRADA nace en Madrid en 1978, aunque creció en Alicante. Es licenciada en Derecho por la Universidad de Alicante, especializándose en Derechos Humanos en Italia y Grecia, y posteriormente desarrolla su trabajo en Costa Rica y Ecuador. Desde 2007 vive en Nueva York donde trabaja en Naciones Unidas. Ha obtenido el Premio de Poesía de la Universidad de Alicante en tres años consecutivos; el Cafetín Croché (El Escorial) y el Premio Colegio Miguel Hernández de Elda. Fue incluida en la XXI Selección de Voces Nuevas (Torremozas, 2008) y en la antología "El tejedor en Nueva York" (LUPI, 2011). Tiene publicado el poemario "Casa de Citas" (Torremozas, 2010).

VITRAL DE VOZ, DE CARLOS FERNÁNDEZ LÓPEZ


Esta semana se presenta "Vitral de voz" del poeta gallego Carlos Fernández López. Un texto potente, atrevido, que no dejará indiferentes a quienes deseen acercarse a sus páginas. El próximo viernes 9 de diciembre a las 20:30 en La Casa Encendida podremos disfrutar de su autor. Vaya aquí un adelanto de su trabajo poético.

entra en el lecho blanco y
desnudo roza con los miembros
el frío lienzo de sombra que nos niega.
traza el camino justo hasta el centro,
como quien sabe fingir que todo está quieto,
que no corta el frío y mancha lo de fuera,
ese hueco hasta nosotros entra.
deja los brazos dispuestos, de modo preciso,
rodea el cuerpo
que acude en sombra
y grita.


*


hotel dios.

arriba, latido de piedra en silencio
abajo, el mar inquieto.

el árbol mudo diluía su savia en mi boca.


*


animal que se busca a sí mismo en la altura,
desasido de sí, sumergido en el óxido,
maniatado por el color de la piedra.

la línea, con decisión, la línea, que no cae canción.
en otro idioma dices tus nombres: boca, axilas, rostro.
antídoto del vuelo.


*


de pétalos la mirada
busca bebida en los cristales
grita en sombra
liquen del ángel contra el
cuerpo, venero,
y en el umbral del fuego
el tránsito:
labio, animal, mancha.



Carlos Fernández López (Santiago de Compostela, 1981) es Mater of Arts in Comparative Literature (University College London) y licenciado en Teoría de la Literatura (Complutense de Madrid). Finalista del XXIV premio de poesía Isabel de España, en 2007 obtuvo el premio de La Voz + Joven. En los últimos años, ha tomado parte en varios proyectos en los que su poesía dialoga con la música, la danza y la performance; ha publicado en prensa y desarrollado una intensa actividad investigadora, recogida en César Vallejo: textos rescatados (Lima, 2009).

ES BRIZNA, DE MARCOS CANTELI



la casa la casa que esencialmente no tenemos

los ojos claros su propio aislante me dicen
muerre el canto el ojo aquí de mañana

aquel parche pájaros maderas crujientes aquí

no era ni es vestigio porque viene
largos de agua árboles escritos a su calor

*

lo que penetra en tu carácter tiene corazón
mi memoria no

nos entumecemos

masticamos lentejas para desaparecer

crujen las cervicales con la crudeza de la nieve

*

los pasos que van atrás algo que vibra
torturado te anudan rumia lo que no flota

en la propia piel la locura del cuerpo los ciclos
que me dices

los pasos que van atrás algo que vibra
torturado en la otra parte del mundo

los ciclos de esta hierba

*

salgo de noche con mi memoria

dependo de mis pies pelvis ingle
del cielo del paladar
de un horizonte
de briznas

la piel todavía el útero del mundo
o de mi perrita muerta

aunque todos nuestros poemas traen pájaros
de poca cabeza

para que no te alcance algo se borra


Marcos Canteli (Bimenes, Asturias, 1974) ha publicado los siguientes libros de poesía: Reunión (Barcelona, Icaria, 1999), enjambre (Madrid, Bartleby, 2003), su sombrío (Barcelona, DVD, 2005), libro por el que obtuvo el XXXI Premio de Poesía Ciudad de Burgos, y catálogo de incesantes (Madrid, Bartleby, 2008). Ha traducido el libro Pedazos del poeta norteamericano Robert Creely (Madrid, Bartleby, 2005) y el Libro de jaikus de Jack Kerouac (Madrid, Bartleby, 2007). Fue miembro del consejo de redacción de la revista Solaria y de la colección Nómadas de poesía. Dirige la revista electrónica de escritura & poéticas www.7de7.net.

TRES RECOMENDACIONES: SARA MESA, ANTONIO CRESPO MASSIEU Y BENITO DEL PLIEGO


"El día es deseo y la noche es sueño. El paisaje desfila a ambos lados, inclemente y reseco. Por ningún lado hay sombras. Y qué seremos entonces sin sombras, musita Tejada.
La tierra nos parece roma y yerma. Plana y desnuda, sin sombras. There are no shadows.
Esto es Vado: la ciudad sin sombras.
Tejada piensa, escoge las palabras precisas para pensar. Piensa bajo guión, lentamente, constreñido en su asiento.
He venido hasta aquí para no esconderme. Donde no hay sombras uno no puede guarecerse. He venido hasta aquí, y sin embargo no estoy todavía. El interior del coche arde. Sudo, pero no lo siento. Todavía, por suerte, no siento nada. Es esto lo que estaba buscando.
No un lugar donde esconderme, sino un lugar en el que no sentir. Porque siempre, donde se siente, es en la sombras
." (pág. 9)

SARA MESA (Madrid, 1976). Reside desde niña en Sevilla. Ha publicado los libros de relatos La sobriedad del galápago (Diputación de Badajoz, 2008) y No es fácil ser verde (Everest, 2009). Aparece en la antología Pequeñas resistencias 5: nuevas voces del cuento español (Páginas de Espuma 2010). También es autora del poemario Este jilguero agenda (Devenir, 2007) que fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández.


Fragmento del poema "ESTA EXTRAÑA FIDELIDAD TAN PERRUNA Y NUESTRA"

Avanza por la historia
con su enigma de imposible fidelidad,
recibe piedras, desprecio, cuerdas, llagas,
migajas y se aleja o acompasa el paso
mendigando pan, cariño, como exigencia,
interpelación al viajero que tirita en la noche
y tiembla también y posa su mano sobre el lomo,
y el mundo (la esperanza
de un camino, un abierto horizonte)
se reconstruye bajo las estrellas.
Allí un aullido casi humano
y una palabra casi aullido.

Se reconocen en el temblor,
en la carne, caminan por el tiempo,
parten con la misma desesperanza
comparten
fidelidad, silencio, heridas,
lo incomprensible: distancia abolida
por un jadeo, orejas o rabo tieso.
Límite que tensa el viaje,
la veloz carrera, el apremio,
límite que sella un destino:
¿dónde la distancia
si el salto es encuentro?
¿dónde lo no decible
si jadeo y palabra
se llaman silencio?

Y siempre
el misterio, la mirada, la interrogación
ya como una costumbre, juntos,
partiendo de la historia,
lamiendo heridas,
viajeros los dos en busca de reconocimiento.

Y nos deja
(al acompañarnos)
la simplicidad de su enigma:
lo insondable
caer como sonda en el abismo,
entrar
en su estar en el mundo,
habitar un espacio sin conciencia,
como ir al interior
de quien no está vuelto sobre sí mismo,
quien no tiene envés
quien no mira hacia atrás
y ni la muerte, ni lo profundo, ni el ocaso,
le rodea y camina siempre en la eternidad.
Así el animal, así lo vio, lo escribe
Rilke en la silenciosa,
como si el verso fuera la suave melancolía de su huella.

Como si pudiéramos entrar en lo que es fuera,
está y se acomoda y no es acción
sino instinto, muda aceptación de vida
y se acompasa a la tierra,
acoge el sol y teme las tormentas.

¿Qué ve su mirada?
¿Tan sólo lo que circunda, lo que cerca?
Y nosotros
¿acaso vemos sólo nuestro reflejo?

[...]

ANTONIO CRESPO MASSIEU(Madrid, 1951) es licenciado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica) por la Universidad Complutense y Diplomado en Estudios Portugueses por la Universidad de Lisboa. Profesor de literatura española en Enseñanza Secundaria. Ha publicado la antología comentada Una mano tomó la otra. Poemas para construir sueños (Comunidad de Madrid, 2002), en coautoría con Pedro Hilario, Roberto Bravo y Fernando Cañamares. Desde 1997 es responsable de las páginas literarias de la revista "Viento Sur", de cuya redacción forma parte. Ha escrito los poemarios: Acaso revelación, En este lugar (Fundación Kutxa, Donostia- San Sebastián, 2004) que obtuvo en 2004 el “Premio de Poesía Kutxa. Ciudad de Irún” en su XXXV edición, Orilla del tiempo (Germania, Valencia, 2005) y Elegía en Portbou. Ha publicado trabajos de investigación y de creación literaria en revistas como Anthropos, Revista da Faculdade de Letras-Universidade de Lisboa, Asparkía, La ortiga, Dossiers feministes, Diálogo de la lengua, El cielo de Salamanca, Riff-Raff y Viento Sur. Poemas suyos han sido incluidos en las antologías poéticas: La paz y la palabra, Letras contra la guerra (edición de Manuel Francisco Reina, Odisea Editorial, Madrid, 2003), Una mirada hacia la poesía española actual (revista Luna Nueva, Colombia, 2003), Voces del extremo V. Poesía y Realidad (Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, 2003), Agua. Símbolo y memoria (Slovento, Madrid, 2006), Vida de perros (Editorial Buscarini. Logroño, 2007), Calendario de la poesía española. Antología poética (Alambra Publishing, Bertem, Belgium, 2007), Calendario de la poesía en español. Antología poética (Alambra Publishing, Bertem, Belgium, 2008), Voces del extremo IX-X. Poesía y capitalismo (Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, 2008) y Los centros de la calle. Antología pequeña (Germania, Valencia, 2008).


1.
El agua pasa, y sobre el agua, el brillo del sol detenido.

2.
Con un trazo invariable lo imprevisible se concreta.

3.
Y no se cansa de mirar: el ojo bebe su saber del río.

[Pág. 57]

BENITO DEL PLIEGO (Madrid, 1970) es autor de los poemarios Fisiones (1997) reeditado como Muesca (Amargord, 2010); Alcance de la mano (1998), reeditado como Merma (Baile del Sol, 2009); y la plaquette Zodiaco (Bogotá, 2007). Junto a Andrés Fisher, ha editado la antología poética de José Viñals Caballo en el Umbral (Editora Regional de Extremadura, 2010).



PEDRO NUÑEZ (Santiago de Chile, 1958). Artista plástico y gráfico. Afincado en Madrid desde 1987, su obra toca el dibujo, el grabado, la escultura, la acción y las instalaciones basadas en una técnica original de "origami". Una muestra de su obra gráfica puede verse en www.pedronunez.com

CONTRA LA POSTMODERNIDAD, DE ERNESTO CASTRO


Voz emergente. Pensamiento insurrecto. Búsqueda teórica, sin complejos ni miedos. Ernesto Castro irrumpe en el panorama literario con un texto más que interesante. Un ajuste de cuentas con una parte de la Postmodernidad, aquella plegada descaradamente a la dominación neoliberal. Una prosa afilada, incisiva. Con independencia de compartir o no el conjunto de sus afirmaciones (en mi caso, muchas las firmo y otras no), me gustaría destacar de este pequeño libro varias cosas. En primer lugar su descaro, la ambición conceptual, la huida de todo facilismo. Leía hace poco un papelito anónimo que decía: “La comodidad es enemiga de la creatividad”. Pues bien, frente a esa comodidad superflua y despotenciadora, Ernesto Castro reacciona y lo hace con vocación de polémica. Frente a un mainstream arraigado en nuestras concepciones estéticas y analíticas, apuesta por desnudar sus contradicciones y someterlas a un nuevo escrutinio. Los tiempos están cambiando. Los últimos acontecimientos sociopolíticos mundiales nos imponen una nueva mirada. En este sentido, filosofía, economía política, crítica cultural, se mezclan irremediablemente sin solución de continuidad: aire fresco, vaya. En segundo lugar un empeño por contribuir activamente a los debates sociales del instante, insertar su trabajo como “aprendiz de mago” dentro de las coordenadas de los conflictos que atraviesan nuestras comunidades. Pensamiento entrometido. Metodología discursiva al servicio de la lucha social. Y acabo. Se difuminan en este texto los límites entre la filosofía, la literatura, el panfleto, la crítica, el arte, la economía... Frente a realidades y agencias, toca inventarse nuevos artefactos capaces de interpelar esas mismas realidades. No vale la segmentación del conocimiento, las cátedras especializadas que observan lo real solamente desde un prisma hegemómico. Cruzar fronteras, trenzar disciplinas, volver a reunir aquello que nunca debió ser desunido. Ernesto Castro, a mi juicio, lo hace y por eso recomiendo vivamente su lectura. Dejo a continuación algunos párrafos así como una parte del texto de contraportada:

“La tesis principal del libro afirma que la postmodernidad hace tiempo que llegó a su fin, sus categorías no son aplicables a un tiempo como el nuestro, marcado por una grave crisis económica, ecológica y social. Asistimos al regreso de la lucha de clases, la geopolítica, las estrategias neocoloniales, el populismo y el fundamentalismo étnico, cultural y religioso. En este contexto de grandes transformaciones, la apuesta normativa del postmodernismo resulta intelectualmente muy pobre y políticamente inútil. El afán por las cuestiones culturales e identitarias lleva a que muchos de sus autores olviden deliberadamente el análisis económico del sistema. Por este motivo, el postmodernismo resulta ser, en la mayor parte de los casos, una réplica exacta de la ideología neoliberal” (Contraportada)

*

“La postmodernidad es la transcripción cultural, política y filosófica de un capitalismo sin fronteras que, además de meterle la mano en el bolsillo, ha inscrito sus ideas en el imaginario de la gente.” (Pág. 11)

*

“[…] o bien optamos por la expertocracia, una forma de democracia en que no gobiernan los elegidos en las urnas sino una casta de expertos que toman decisiones sin consultar con el pueblo; o el populismo, en que una persona se autodesigna dirigente simbólico de un movimiento con amplias bases populares. Inmersas en una grave crisis de legitimidad, la democracia dialógica y las políticas del consenso se hallan atenazadas por esta pinza: u optan por un sujeto sin conciencia, el populismo, o bien por una conciencia sin sujeto –y por tanto sin responsabilidad, la expertocracia. (Pág. 33)

*

“En este contexto, el pensamiento de la diferencia deviene apología de la falsa situación; la adoración mística de la alteridad radical se traduce en la celebración del exotismo y la incomunicación; la apuesta por el nomadismo, al no establecer distingos, se solapa con la ideología neoliberal de la libre circulación de personas; la llamada a romper con la propia identidad, si no se precisa, es el reflejo poético-metafísico de aquella exigencia capitalista que impone al ciudadano desdoblarse en múltiples consumidores, tantos como mercancías.” (Pág. 52)

LA MONTAÑA EFÍMERA, DE JOAN DE LA VEGA


Son pocos los poetas españoles de las últimas promociones que se han aventurado a poematizar la naturaleza, o mejor dicho, a hacer de la naturaleza un territorio complejo donde insertar el diálogo existencial. La ciudad, la aventura del cronotopo afincado en las tensiones que las grandes conurbaciones mundiales parecen contener a modo de habitus hegemónico, ha invadido buena parte de la poesía hispana de las últimas décadas. Por eso este "La montaña efímera" del poeta Joan de la Vega tiene una doble intensidad. Se introduce, por un lado, en el paisaje de la lengua, mientras que al mismo tiempo levanta una posibilidad de (inter)(auto)pelación a partir de la mirada al entorno. Las comarcas del Pirineo catalán y andorrano se convierten, así, en el humus sobre el cual poetizar un estado crítico de reflexión, de indagación filosófica, hermanado con la propia evolución de nuestro contexto matérico más inmediato, es decir, el territorio. Origen y consecuencia de nuestra acción cultural. Pero me gustaría antes de dar paso a varios poemas del libro proponer una idea en relación a este texto. En un periodo de crisis sistémica, de revitalización de una cierta conciencia insurgente, de vulnerabilidad social, del "terror" como lugar común (como propusiera el antropólogo Michael Taussing), en definitiva, de fascismo societario según la denominación de Boaventura de Sousa Santos, cualquier aspiración para una globalización contrahegemónica que permita nuevas pautas de redistribución local pasa, entre otras necesidades, por una definición de nuevas formas de subjetividad, y esas formas no pueden erigirse sin la presencia de la naturaleza. Lo real (entendido en su sentido más complejo y moriniano) bebe de ella. Aspira a ella. Se cruza con ella. Estos poemas, a mi juicio, tienen la enorme virtud de intentar sondear esa posibilidad y lo hacen con honestidad, belleza e intensidad emocional y de pensamiento. Les dejo con algunos ejemplos. Disfrútenlos:

*

Hombres retorcidos como gusanos.
Hombres echados como lombrices fluorescentes.

Afuera la noche solemne mide su temperatura, explora la conjunción de los astros. Dentro, los lechos precarios dan cobijo a pulsos disonantes, a voces apátridas.

Aún creo en los rostros convalecientes que presumen olor a tierra.

Fieles a su destino de fuego.

*

Cumbres sostenidas por un cielo raso.
Veredas negadas que reafirman.

Este bullir puro de los colores, el contraste áspero de la tierra, la luz consumiéndose entre hoscas lenguas de magnesio, la honda certeza que gravita en silencio, la insistente permanencia de los neveros, la generosidad del agua ¿a quién pertenecen? ¿cuál será el nombre real (el que no posee) de todas las cosas? ¿por qué los circos glaciares olvidaron su nomenclatura de hielo, su registro de nieve, su código de muerte?

Aún creo en los ojos de esta montaña sin nombre que, quieta, respira.

Cumbre que circunda la voracidad de lo eterno.

*

VALL D´INCLES

y allá en la cima el templo, guía y razón del viaje
Jordi Doce

Cuando
dé comienzo
la noche
y haya
culminado
nuestra voz
en su techo,
en su pavimento
de espinos
y silencio,
recuerda
la luz presente
de este valle
(no su nombre),
el pulso firme
de este río
(no el poema),
que tome
tu mano
enlutada
y te regrese
a un lugar
más digno
que amar.

PRESENTACIÓN DE RITUAL EN NUEVA YORK 2


El pasado 14 de septiembre tuve la enorme fortuna de poder presentar RITUAL en el marco del ciclo de la editorial PEN PRESS. El acto se celebró en la sede que la New York Public Library tiene en el Soho, en la calle Mulberry. Me acompañaron la editoria de Pen Press, Mercedes Roffé; la directora de la revista Galerna, Marta López Luaces y, sobre todo, la poeta Isabel Cadeñas Cañón quién generosamente se brindó para hacer el texto de la presentación. Además de estas personas se acercaron alguna gente estupenda, buenos poetas la mayoría, con quiénes disfruté mucho la lectura y el coloquio posterior. Quiero a todos ellos agradecerles el cariño y el interés.

Para todos aquellos y aquellas que no pudieron estar me gustaría acercarles el texto elaborado por Isabel, aquí va, espero que lo disfruten tanto como yo...

Cercar el vacío
Por ISABEL CADEÑAS CAÑÓN

Creo que Ritual es un libro del vacío. O, mejor, un libro de vacíos que se van superponiendo. Ritual es también eso, un libro de superposiciones, de añadiduras, un libro que se va desplegando de a poco, a medida que aumenta.

La primera parte del libro, “Monotipos”, se abre con el primer vacío, el de la escritura:

¿Cuando todo se empoza qué escribir? Soledumbre. Paso
vencido— Comprender no significa nada.


“Comprender no significa nada” no es un juego de palabras o un guiño artificioso que el poeta use para inaugurar el libro con un golpe de efecto. Es más bien un anuncio de lo que va a seguir: Ritual no busca comprender – el vacío es inaprensible. Busca certificarlo, primero, sondearlo. Después confronta. Pero eso será después. Por eso, ese primer “monotipo” es una constatación del vacío de la escritura, o de lo vacío de la escritura ante tal vacío, pero, no caigamos en la tentación, no lo es del vacío de escribir. En este libro, el poeta tira piedras contra muchos tejados, pero nunca contra el suyo: sabe que, en el aparente vacío de lo escrito, está presente el gesto que empujó a escribir, esa chispa que bien puede ser amor o rabia o soledad. Esa presencia agitadora es tal vez la primera coartada de lo que está escrito:
La máscara mantiene el calor del rostro que habitó.

He dicho ya que Ritual es un libro que crece. Gradualmente, a lo largo de sus cinco partes, va tomando cuerpo, y tomando cuerpos: cada una de las partes añade una dimensión nueva a lo ya dicho, y esto tanto en lo que se dice como en cómo se dice. En el plano formal, el libro empieza siendo una especie de balbuceo individual, construido a partes iguales de silencio (ese otro vacío) y de palabra.

El lenguaje desintegra su mecánica. Tienta al silencio tanto
como yo lo tiento a él.


El lenguaje está fragmentado; pero la palabra, no. La palabra es tal vez el único anclaje que se manifiesta estable desde el principio del libro. Tal vez precisamente para hacer ese vacío aún más explícito, Ernesto García López elige vocablos con peso, arraigados, elige insania, desolladero, soledumbre.

Pero si las palabras son firmes, el lenguaje vacila, como si no encontrara asiento, como si lo que se va a contar –digo contar: evocar, convocar– no pudiera caber en una sola forma. Y esto es precisamente lo que quedará confirmado a lo largo del libro: que una forma no basta, y mucho menos una forma ya dada, formas fosilizadas que empujen a la inmovilidad, que ahonden, o sedimenten, en el vacío. Así, en la parte primera del libro todo es brevísimo, y conviven formas netamente coloquiales con otras donde la liricidad lo puede todo, y esto, a veces, en páginas contiguas. No es que el poeta no pueda decidirse por una sola voz; no es que la voz se muestre errante por la imposibilidad de decir de otra manera. García López decide comenzar con una estética del balbuceo para establecer una clara metáfora del yo en quiebre, de esa voz unívoca que duda entre decir y el silencio, pero que, con la mera expresión de la duda, ya ha tomado la decisión: va hablar.

La segunda parte del libro anuncia, ya desde el epígrafe, el ejercicio de encuentro con el otro que llevará a cabo. Se abre con una cita de Juan Ramón Jiménez:

Hay que salir
y ser en otro ser el otro ser.


Ser otro, pero sobre todo el otro ser, y sobre todo el imperativo a salir. Una vez constatada la propia voz, hay que salir. La forma empieza desde entonces a salir también de su ensimismamiento errático: en la segunda parte, los versos son breves, pero son más compactos y forman una unidad –aunque esté dividida en 21 partes. El yo ha encontrado al otro. No parece un encuentro buscado, sino un encuentro inevitable, uno que “penetra por las fisuras”:

Ese que, evidentemente, me ciñe
en asfixia viva
en desencanto vivo,

vi
en tantas alucinaciones
sin materia
aunque penetra por las fisuras
del movimiento.


En la tercera parte, el verso continúa ese proceso de hacerse cada vez más firme, es decir, cada vez más resistente: lo componen poemas en prosa de mayor longitud, y un poema en verso libre que anuncia la forma de las dos últimas partes del libro. También lo que antes era unicidad y después fue encuentro con el otro, pasa paulatinamente a ser un encuentro con la multiplicidad, con lo colectivo. No es casualidad que ese encuentro con lo colectivo se encuentre precisamente en la mitad del libro, como estableciendo una separación entre la soledad que lo abre y la “casi soledad” que lo cierra.

Así, si El desvío del otro, su anterior poemario, se abría con una nota introductoria,

Los poemas vienen de las calles. En ellas encuentran, más que en uno mismo, el veneno que los anima a escapar de ese cuerpo donde están encerrados. Saltan, se escabullen como animales delirantes que acabaran de recobrar su libertad. Incluso los poemas más intimistas, más singulares de la propia existencia, beben del afuera, de la constancia errática del flâneur.

en Ritual, Ernesto García López no necesita palabras previas. El encuentro con el otro no es un acto metafísico: es un acto político. Igual que el otro se cuela por las fisuras, la calle se va haciendo explícita gradualmente, sin necesidad de anunciarla:

Del mismo modo que en la Inglaterra del diecisiete los Cavadores cultivaban sin consentimiento las tierras ociosas de los nobles, algunos gritos invaden hoy el parterre del poema.

Con esos gritos, con esa colectividad, la voz poética no sólo ya no duda, sino que exhorta a emprender una “marcha lunar”. Exhorta, pero no olvida el vacío: no promete que la marcha lunar vaya a llegar a la luna. Ni siquiera la pide.

¿Que duele? Nadie dijo que fuera indoloro. ¿Que ensombrece? Nadie dijo que fuera la claridad.

Marchas lunares que otros iniciaron sobre la tierra, junto a los brazos caudalosos de África o al pie de las montañas desgastadas de Europa.


La marcha ha sido emprendida ya por otros y, como el grito, es un movimiento inacabado que hay que continuar. La marcha como algo parecido a lo que Walter Benjamin llamaría la historia a contrapelo, una manera de rehacer nuestra historia y reivindicar la de los perdedores, la historia soterrada por un poder que, sobre ella, no construye, sino que erige, precisamente, el vacío.

Ése es el vacío que cerca García López. Su poemario no trata el vacío de manera ociosa; si se detiene tanto ante él, si lo observa, es precisamente para confrontarlo con su ritual. Éste quedará confirmado sobre todo por la última parte del libro, que lleva el mismo título.

No olvidar por qué las palabras ardieron. Ruinosas
y violentas. y por qué luego la otra vida, la que se anula en
su descreerse, siguió encegueciendo
los depósitos


“No olvidar”, nos repite la voz, que primero duda, luego exhorta y ahora ordena. El ritual aquí no es un acto folklórico, no es una representación mediatizada del otro – no es el ritual que nos ofrece el capitalismo. No es ese retrato procesado de lo distante, que nos hace creer que lo comprendemos –comprender no significa nada– y que, sin embargo, nos sirve para mantener la amenaza de lo otro a distancia, mediatizada por esa imagen prefabricada. El ritual de Ernesto García López se sitúa en la tradición platónica del rechazo filosófico del dinero: la palabra no sirve para adquirir bienes, es decir, para llenar ese vacío que el libro ha ido sitiando. La palabra, en este ritual, sirve para establecer vínculos de reconocimiento. No para comprendernos a nosotros mismos y ver al otro desde nuestro interior. Sirve para reconocerlo. Y, una vez reconocido, escuchar el propio grito más allá, escucharlo como colectivo, escucharlo más fuerte. Eso es lo que el poeta se lleva consigo, la certeza de que el latir es sólo casi solitario:

Todo eso llevo conmigo
Velado por un manojo de fracturas que hoy me recomponen
Abisal
en el latir casi solitario


Parecía soledad, pero es resonancia de todas las voces. Porque, al fin y al cabo, dónde resuena más un grito que en el vacío.

Tal vez, bien pensado, este libro de Ernesto García López no sea, en realidad, un libro del vacío, sino un libro del eco. Un eco que llega hasta nosotros desde antiguo, desde lejos, y que ahora está aquí, y nos interpela.

Nueva York, 14 de septiembre de 2011.

TRES POETAS LEÍDAS EN NUEVA YORK


Estos días en Nueva York estoy aprovechando para pasear, leer y escribir. Son varios los compañeros de viaje que me acompañan(Dos Passos, por supuesto). Aunque espero en los próximos días poder colgar en este blog el texto de presentación y alguna imagen de la lectura de RITUAL en el ciclo de Pen Press, me gustaría hoy acercarles tres poéticas muy disímiles entre sí que, sin embargo, se han entremezclado en mis ojos estos días. Se trata de las poetas Joumana Haddad, Isabel Cadenas Cañón y Patricia Fernández-Pachecho. La primera de ellas, libanesa, vive en Viena (y no la conozco personalmente). Las dos restantes, españolas, viven en Nueva York (y sí he tenido el placer de encontrarme con ellas).


Gracias a la recomendación de las escritoras Mercedes Roffé y Marta López-Luaces llegué a la obra de Joumana Haddad. Este espléndido "Espejos de las fugaces" ha sido una de esas lecturas que dejan huella. Inesperado, el libro ha ido creciendo en mí a medida que los días pasaban y guardo en mi memoria lectora un zarpazo emocionante. Me gustaría acercarles un poema de la primera sección del libro titulada ESPEJOS.

9

El muerto sabe que la muerte no es una partida, sino un retorno. Sabe que el alejamiento de la muerte es más rápido que su aparición. Que en cuanto llega no se queda mucho tiempo y cuando permanece se cumple sin razón. El muerto sabe que es él su propio huérfano. A diario sale de la cama hacia los brazos del sol, y los brazos del sol hacia su polvo. El muerto se levanta seguido por su muerte y por manchas de una nube que sangra sobre la nieve. El muerto se levanta, se viste, abre la puerta que da al campo, cava un hoyo y extraer agua de un peñasco como si sacara un conejo del sombrero de un mago. Del agua saca un espejo para las almas de los cobardes. El conejo se mira siendo conejo y huye aterrado. El muerto muere cuando es hora de levantarse, en cuanto llega la hora de la muerte, si no, él mismo no llega.
Así la muerte se levanta para conocer al muerto, y el muerto se levanta para conocer la muerte.


Llega el turno para dos jóvenes poetas españolas afincadas en Nueva York desde hace algún tiempo. Hablamos de Isabel Cadenas Cañón (1982) y su poemario "Irse" (III Premio de poesía Caja Guadalajara-Fundación Siglo Futuro) editado en Vitruvio (y de la que ya adjunté una nota biobibliográfica en el post anterior), y de Patricia Fernández-Pacheco y su "Casa de citas", editado en Torremozas (2010). Para quién no la conozca digamos que Patricia Fernández-Pacheco (1978) es licenciada en Derecho por la Universidad de Alicante, especializada en Derechos Humanos en Italia y Grecia. Posteriormente trabajó en Costa Rica y Ecuador. Actualmente vive en Nueva York, donde trabaja en las Naciones Unidas. Ha obtenido el Premio de Poesía de la Universidad de Alicante durante 3 años consecutivos, el Cafetín Croché (El Escorial) y el Premio Miguel Hernández (Elda). Fue incluida en la XXI Selección de Voces Nuevas (Torremozas, 2008). Ha publicado Casa de Citas (Torremozas, 2010) y su segundo libro de poesía será publicado este año también en la misma editorial.

Empecemos con Isabel Cadenas Cañón...



Irse. Tríptico

I

como quien enciende un fuego
a media tarde
y lo mira arder
despacito
sin prisa
seguro de que las brasas
incipientes
acabarán tiñendo
el cielo de chispas naranjas

más o menos así
me estoy yendo.


II

hasta qué punto irse es sinónimo de adiós

me he sentido propia en tantos sitios
que marcharse es cada vez un desgarro nuevo
en una parte de mi cuerpo

que sin embargo antes no existía.


III

no quiero que el mío sea un no lugar
que Nora piense en mí
como esa prima que viene de visita
una vez por año
y siempre se olvida de traer regalos
no tener silla definida a la hora de comer
que mi sola presencia implique
repetir conversaciones
aclarar nombres

no quiero que mi espacio sea
un no estar en ningún sitio
que mis coordinadas sean irme

pero cómo permanecer
dónde
ai aún queda tanto por mirarme
y los ojos que me asumen Isabel
mutilan.



El turno para Patricia Fernández-Pacheco...


Antes que nada me tomé las armas. Estaba todo descolocado, francamente mal, un supremo amasijo de riquezas mal repartidas, un sedimento grueso de cal, una larga fila de estirpes de esclavos.

Después quise, con ávidas posturas de flor de loto, entender el Mundo, auscultarlo delicadamente como hacen las avionetas que planean, a la hora de la siesta, la caudalosa arteria aorta que podría llamarse Aguarico o Chagres o Atrato.

Más tarde intenté echarme a la mala vida, hacerme llamar bucanero, estiércol, montaraz, comunista, vil borracho.
Entonces puse precio a mi cuerpo y después me conseguí un empleo en el que las aves de carroña pasaban picoteándome las manos.

Un día alunizó en mi cara estupefacta el amor.
Fue como un gran batacazo de adrelanina y efectos especiales del que, al rato, emergió, muy despeinada pero decidida a quedarse, la felicidad en persona.

Y lo uno llevó a lo otro -qué cosas- de repente me dio por volver a leer libros apolillados, manifiestos, declaraciones del milenio, textos así.
Me dio por aprender los lenguajes casi extintos de la piedra, la madera y el esparto. Y aprendí a escuchar la lluvia con cuidado.

Si no hubiera intentado tantas vidas, no contaría lo que cuento.

Soy ese viento leve que, en otoño, mece los interrogantes.

Y ya no necesito saber
a dónde es que hay que llegar
o en qué será que va a desembocar este relato.

PRESENTACIÓN DE RITUAL EN NUEVA YORK 1


Pen Press Plaquettes de Poesía & Pen Press Reading Series 2011-2012

en colaboración con la NYPL Mulberry Branch

tienen el agrado de invitar a la presentación de

Ritual de Ernesto García López (Madrid, Amargord, 2011)

a cargo de Isabel Cadenas Cañón

a realizarse el miércoles 14 de septiembre de 2011 a las 6:00 p.m. (¡en punto!) en la New York Public Library Mulberry Branch, 10 Jersey St, SOHO, NYC.


ISABEL CADENAS CAÑÓN (Basauri, Bizkaia, 1982). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, máster en Estudios teatrales por la Universidad París 3 Sorbonne Nouvelle, y MFA en Creación literaria por la New York University. En la actualidad realiza su doctorado en esa misma universidad. Cursó estudios de posgrado en la Universidad de California, San Diego, y trabajó como gestora cultural en Buenos Aires. Su libro de poemas Irse (Vitruvio, 2010) fue el ganador del III Certamen de poesía joven Caja de Guadalajara – Fundación Siglo futuro. Textos suyos se han publicado en varias revistas estadounidenses, españolas y latinoamericanas y han sido traducidos al inglés. Se dedica a la fotografía y a la traducción. Su obra fotográfica se ha expuesto en galerías de España y Estados Unidos. Ha traducido a varios poetas estadounidenses y latinoamericanos al euskera, al castellano y al francés. Es Insigne Vaivodesa del Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires (LIAEPBA). Vive en Brooklyn, Nueva York.


www.edicionespenpress.com

MARABUNTA SUMMER POETRY FESTIVAL

Queridos, queridas,

El pasado viernes 26 de agosto a las 22:00 en LA MARABUNTA (C/ Torrecilla del leal, 32 - Lavapiés), y dentro del festival que organiza este café-librería y Alberto García Teresa titulado SUMMER POETRY FESTIVAL, tuve la oportunidad de leer algunos textos inéditos junto al poeta Gonzalo Escarpa. Quiero agradecer a todo el público que asistió la generosidad de su presencia y la emoción de la escucha/palabra. Para aquellos que no pudieron acudir dejo un par de vídeos con algunos de los momentos...

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ZURITA


Si algún convencimiento tengo es que los tiempos que nos están tocando vivir nos imponen una reflexión sobre nuestra literatura, nuestra mirada en la escritura. La crisis actual, las contradicciones habitadas, los mundos y atmósferas sociopolíticas que a todos nos están golpeando estos meses, las reivindicaciones comunitarias, la génesis de una nueva voz colectiva, tozuda, poderosa, ladrando en medio del ruido financiero, interpela (lo queramos o no) a todos. No es posible seguir dictando los mismos textos que antes. No es posible seguir aceptando sin más la misma hendidura semántica y sonora de nuestras palabras. No es posible seguir realizando las mismas muecas post-literarias en recitales, semanas del libro y la lectura, premios… O sí. Se seguirán haciendo. Durante mucho tiempo se continuará escribiendo del mismo modo, con los mismos utensilios, los mismos tics. Pero se tratará de una literatura estancada, feudal, casi muerta, exquisita, refugio de bibliófilos y eruditos, pero incapaz de encarnarse en la herida contemporánea. Porque nuestra llaga, nuestro dolor íntimo y social, presenta relieves inciertos. Urge una literatura contaminada de lo vivo, huidora del facilismo, la claridad, que no tema las disparidades y zonas de sombra que nos movilizan. Este mundo que nos ha tocado habitar es complejo, heterogéneo, incomprensible, absurdo, plagado de instantes hermosos, bellísimo en su lucha y constancia, multicultural, ancho, insistente, inaprensible… En definitiva, una literatura instalada en la duda y la incertidumbre. Menos mal que tenemos ejemplos en los que refugiarnos. Voces que hace tiempo comprendieron la dimensión del desastre y la resistencia y no temieron ponerle nombre, arañazo, aluvión. Para mí uno de esos ejemplos es Raúl Zurita. Su poesía sigue golpeándome, noche a noche, desde que la descubrí. Observo los periódicos, entreveo la televisión, salgo a la calle, participo en manifestaciones, viajo por el mundo, y a cada rato y en cada lugar vuelven sobre mí sus poemas, como si supieran captar la esencia de esa atmósfera global, violenta, atrapada en sus contradicciones, genésica y material en sus nervaduras. La obra de Raúl Zurita se levanta como un nuevo Dante sobre nuestro paisaje. Su cordillera de los Andes, su desierto de Atacama, su costa chilena largísima, desnutrida, son la misma cordillera, el mismo desierto, la misma costa que a todos parece atraparnos. Acaba de publicarse el que considero un libro esencial, invadeable. Se titula “Zurita” y ha sido editado por Ediciones Universidad Diego Portales en Chile (2011). Gentilmente este verano me llegó de manos de su autor y mi sensación fue de gozo y escalofrío a un mismo tiempo. Gozo por su lucidez. Zarpazo de sus golpes. Que hablen por sí mismos…


Y EL CIELO NOS DIRÁ MIRA

Están las flores vivas de luz y del Pacífico. Están
las flores y las flores rotas de un sueño. Están
los nombres de nuestros nombres muertos y las
flores adhiriéndose igual que otro océano al
cielo vivo. Igual que otra nieve viva a las nieves
muertas cuando para siempre las cordilleras
muertas y vivas repitieron nuestros nombres
llamándonos porque todo el cielo canta sobre la
tierra viva en que nos mataron. Nosotros muertos
y vivos. Nosotros muertos y vivos ascendiendo
como pedazos de nieves para siempre y el cielo.

Están las flores, está el Pacífico para siempre y
arriba los párpados del cielo.

Cuando los párpados del cielo abriéndose nos
mostraron nuestros ojos blancos y como en un
sueño donde nadie muere escuchamos el canto
de los muertos que seguían llamándonos por
nuestros nombres vivos. Por el amor vivo que
nos grita “mira”. Y está el cielo vivo mirándonos.